Nada para decir
No tengo nada para decir. Hay pelo en mi libro, hay un pomelo en mi lado pero no voy a comerlo. No hay palabras hoy para describir los pomelos, ni hay suficiente gustativos en mi lengua para experimentar la fruta. No quiero pensar mucho hoy; prefiero probar vino o té de una planta que es ilegal en nuestro país de libertad. ¿Cuál es un tango? ¿Por qué prefiero las canciones más tristes en este mundo? ¿Cuál es un poema? ¿Por qué la palabra ‘poema’ es masculina? O si, las reglas. Las reglas de Grecia, de los filósofos de piedras antiguas, de viejos filosofando con chicos influenciables. Las conversaciones sobre la filosofía, sobre las polémicas me molestan. No quiero hablar sobre cosas más grande que nuestra burbuja grande.
En el muelle de calle 72, puedo sentarme por todo el día para mirar los barcos cruzando el río Hudson. Hay una filosofía que dice que es imposible estar de pie en la misma agua más que una vez. Y cada los barcos, como manchas en el agua, empujan contra la marea. Y el agua siempre cambia pero el Hudson es siempre el Hudson.
No tengo nada para decir, pero ¿Qué piensa la gente en el otro lado del río? La gente de Nueva Jersey, pobrecitos, ¿Qué piensan ellos sobre el visto de mi, enfrente una ciudad impresionante como Manhattan? En ingles describí la ceremonia de los barcos en el Hudson, de la gente en Broadway durante la mañana de domingo, cuando todo el mundo está contenta, relejada. Cada mañana todo el mundo camina en lo mismos calles. Yo quiero saber si sea posible estar de pie en lo mismo trama del calle.
