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Terra
La Coctelera

Conferencia de españolas, en español

Es difícil escuchar a una conferencia por casi dos horas, especialmente cuando no se sabe la idioma.

En un momento de inspiración esta noche, fui a la conferencia de la reconocida escritora española, Elvira Lindo, porque he pensado que una conferencia sobre ‘la voz’ habría estado como las conferencia familiares del año académico, pero en español. Sin embargo, después de 10 minutos, cuando no podría distinguir a una palabra de otra, tuve mucho sueño. Entiendo que es difícil entender a los españoles, especialmente cuando no hay pausas—momentos para alcanzar como en una conversación. Estoy agotada.

Voy a dormir como un bebé.

Pensamientos de Buenos Aires y cosas terribles

En este minuto, estoy mirando el pueblo de Middlebury College desde las ventanas grandes de la biblioteca. Las montañas en el fondo están cubiertas en niebla densa—todo está gris, tan ordinario, pero familiar, sin embargo. No quiero dormirme durante mi tarea entonces escucho a mi iPod.

Cuando oigo las canciones de tango de Astor Piazzola, de repente estoy en el apartamento sucio, vacío, pequeño, de mis primos en Calle ______ en la Ciudad de Buenos Aires.

Cuando fui a Buenos Aires el verano pasado para hacer investigación sobre la diáspora judía, era mi primera vez allí en cuatro años y había mucho para comprender: la ciudad es una ciudad grande, con conductores imprudentes, a coches rápidos, bares con muebles antiguos, viejos verdes, prostitutas que están esperadas a un gringo rico, hay lluvia, mucha lluvia durante los inviernos. Y el color gris. Recuerdo el color gris y los trenes que siempre están llenos de gente, mucha gente, viejos y jóvenes, hombres y mujeres, pobres y ricos. Creo que Buenos Aires es una ciudad de extremos: hay barrios lindos, limpios, brillantes, con gente que parece como los generales alemanes de la Guerra Mundial. Pero también, hay barrios sucios, oscuros, con gente llena de cicatrices en su cara, sus manos. Es una ciudad muy cómoda y algunas veces, es una ciudad muy desagradable.

Pienso que estoy enamorada con cosas que me dan miedo, que son familiares pero desconocida en la misma vez.

Recuerdo las noches cuando no me sentía segura, cuando estaba esperando a mi primo, Hernán afuera un bar antiguo que estaba ocupado por hombres quien exhalaban sus Marlboro Lights. Esperé sola por una hora, y no sé por qué, pero tenía mucho miedo. Estaba acostumbrada a las ciudades grandes—soy de Nueva York—pero para mí, Buenos Aires era misteriosa, podría pasar cualquier cosa, un desastre como el bombardero de AMIA, o un obra de auténtico genio como la música de Astor Piazzola.

Que irónica que estudio castellano en un lugar como Vermont—el opuesto de Argentina.

Conversaciones durante el concierto

A mi me gusta mirar los pies del pianista cuando él está tocando. Todo el mundo mira los dedos, la silueta, la expresión de su cara, pero los pies tienen una personalidad también.

Algunas veces, pienso que tenemos música en vivo solamente para concentrar en un artista cuando él o ella esté haciendo lo que hace mejor—llenar una espacia vacía con algo hermoso. Otras veces, pienso que tenemos los conciertos para pensar cosas raras. Esta noche, en el concierto del pianista, Franciso Álvarez, tuve los pensamientos muy raros sobre los pies y los dedos. Me imaginé que los pies estaban tenidos una conversación con los pedales del piano sobre los dedos. Durante el concierto no podía ver los dedos porque estaba sentada detrás del piano, pero me imaginé todas las conversaciones breves—muy breves—que tenían los dedos con las tedas. Los pies y los pedales son los partes callados y las tedas y los dedos son más encantados, más expresivos. Juntos, las tedas y los dedos llenaron la sala de concierto con la música, con los silencios potentes.

Cuando hablo español, soy como los pedales y los pies. Tengo todo para expresar pero el significo de mis pensamientos se perdieron durante mis conversaciones entre el computadora y mi cerebro.

¡Díos mío! Parte dos.

Paso mucho miedo para tener un blog durante el programa de español en la escuela de idiomas. El concepto que todas mis reflexiones y todas mis faltas de ortografía y gramática están publicadas en la red, es un hecho terrible. Espero que mis acosadores no vayan a google mi nombre porque ellos van a descubrir que—en contra de lo que se suele creer—no estoy perfecta.

Aunque hemos estudiando el tiempo de subjuntivo el las clases de comunicación, todavía estoy nerviosa para utilizar el tiempo. En vez de practicar cosas nuevas para mejorar mi capacidad de comunicar en español, dependo en tiempos más familiares, como el presente y el imperfecto. ¡Díos mío! ¿Cuando voy a sentirme a gusto hablar y escribir en frases superiores?

El Pueblo de Middlebury

Middlebury es un pueblo en el Valle Champlaine de Vermont. Las montañas alrededores son las Montañas Verdes y tienen 450 millon años. Hay cuatros estaciones, pero desafortunadamente, el invierno es la más larga y el agosta es la más breva. Durante el invierno, Middlebury es un refugio de esquiadores y atletas del invierno porque hay muchas montañas para escalar y nieve para disfrutar en. Pero, para la gente que no es atlética, Middlebury es un infierno helado con viento escalofriante y días cortos. Prefiero el verano cuando el tiempo es perfecto para quedar afuera y los ríos están lleno de agua. Todavía, el campo de Middlebury es famoso para los agostos, cuando el color de las hojas de arce cambia de verde en una mezcla de amarilla ácida y rojo, y las manzanas están maduras para comer.
Para el estado de Vermont, Middlebury es un pueblo muy rico porque la universidad atrae mucha gente con dinero. Además, hay mucha gente aquí que son seguidores de Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau (filósofos norteamericanos) y viven en grajas humildes y comen solamente la comida orgánica—esta tipa de gente me molesta mucha aunque soy una seguidora de Emerson también. En conjunto, pienso que Middlebury es uno de los lugares más bonitos en el noreste de EEUU y si aprecia el campo auténtico, va a adora este pueblo.

¡Díos mío!

Es la mañana antes del primer jueves de clases y estoy pensando como puedo escribir como español si fuera mi lengua materna. Obviamente, tengo mucho para hacer, estudiar, entender, escribir, practicar. Estoy un poco frustrante que aprendiendo una idioma no es como aprendiendo montar la bicicleta. Siempre olvido las reglas, el vocabulario. Durante la clase en martes, nuestro profesor, Sr. Fernández de Argentino, hablaba exactamente como mi tío de Argentina, pero todavía, no asimilé mucha de la información. La tema de la clase era sobre las diferencias entre un texto periodista de Argentina que un texto norteamericano, pero ahora no estoy segura si pueda escribir con los signos tipográficos de un nativa. ¡Díos mío! En la próxima entrada de blog, voy a escribir más sobre que he aprendido, pero para ahora, estoy en las nubes del idioma.

Las colisiones

Soy judía pero no creo en Díos. Soy argentina pero he vivido en Nueva York por toda mi vida. Soy un producto de la colisión y eventualmente el amor de dos almas distintas pero nunca hablo sobre las historias de mis padres. Para mí, hebreo es la lengua de muertos y esqueletos, de viejos que estudian en silencio, con poca luz. Español es la lengua de mi abuelo, es el ruido de mi mama en el teléfono con su hermano después de que él les robó dinero a mis padres. Español es el sonido de los perros del pueblo de mis primos y él trafico de Buenos Aires. Soy el producto de silencio y ruido, de una inmigrante y un bostoniano, pero no quiero decir que soy solamente una americana—una gringa, una Yankee, porque americana es el producto de las personas de fuera, de gente quien no sabe nunca sobre la diferencia entre los musulmanes y los indios, de la diferencia entre patriotismo e ignorancia.

En vez, quiero decir que soy de Nueva York, soy una New Yorker, porque la ciudad de Nueva York puede apoyar todas las colisiones, todo el ruido y silencia que palabras como “Americana” no pueden apoyar